Escuadra hacia la muerte

La nueva incursión en la famosa pieza de Alfonso Sastre no consigue cautivar como antaño

Foto de Pedro CHamizo
Foto de Pedro CHamizo

Esta obra de Alfonso Sastre, estrenada en 1953 en este mismo Teatro María Guerrero, a pesar del éxito que ha ido cosechando históricamente, ha envejecido mal, puesto que requiere un contexto con el que dialogar que se ha perdido, aunque se mantengan ciertas pulsiones belicistas ahora reconfiguradas. La versión que presenta Paco Azorín sobre este grupo de jóvenes encerrados en un búnker (sustituye a la casa del guardabosques del original) a la espera de verse sacrificados en aras de una victoria durante la Tercera Guerra Mundial, aporta un cambio que podemos juzgar de trascendental para la interpretación del texto. Hablo del final ─no me queda más remedio que destriparlo─. Alfonso Sastre marcó que Pedro, mientras dice unas palabras, le ofrece su primer cigarrillo a Luis, el más joven e inocente de todos, y luego baja el telón. Sin embargo, Azorín ha optado por una resolución que puede tener múltiples lecturas. El caso es que nos topamos con este chaval, interpretado por Jan Cornet, con una fuerza expresiva que va de más a menos y que definitivamente remonta, se desnuda y sube esperanzado hacia las escaleras que llevan a la salida. Sigue leyendo