El corazón de las tinieblas

Darío Facal ejecuta certeramente una deconstrucción antropológica sobre la célebre novela de Joseph Conrad

Las interpretaciones psicologistas sobre la novela de Conrad han sido habituales en ciertos ámbitos de la crítica literaria, en una búsqueda denodada de los arquetipos jungianos, por ejemplo. Sin ser desdeñable el aspecto alegórico, Darío Facal ha querido cargar las tintas en el aspecto político para mostrarnos la obra como un espejo en que se reflejen nuestras contradicciones actuales. Para ello enmarca la función con un prólogo, demasiado espontáneo en su proceder, ejecutado por Ernesto Arias; en el que se nos comunican esas cuitas eternas sobre la antropología, sobre si nosotros, que somos el mundo civilizado, el que ostenta las virtudes y los derechos humanos, debe intervenir en aquellos lugares donde se cometen atrocidades, cuando paradójicamente también nos aprovechamos comercialmente de esos mismos destrozos. Moralizar y ganar, el culmen de la hipocresía. ¿Qué hacer? El epílogo es una colección de nuestras más célebres paradojas o de la imposibilidad de ser moralmente impoluto bajo la doctrina kantiana imperante. En una mano sostienes un donativo para una ONG que ayuda al desarrollo de los países más pobres de África porque eres una persona educada y solidaria; y con la otra sostienes un teléfono móvil que lleva dentro coltán, un mineral que se extrae en las minas de esos mismos países africanos donde fuerzan a niños en jornadas laborales infames. Sigue leyendo