El alma buena de Se-Chuan

Vladimir Cruz sube a los escenarios del Matadero (Madrid) la dialéctica entre el bien y el mal brechtiana

El alma buenaVolver a Brecht, a veces, cuando la coyuntura actual pide respuestas a la altura de la complejidad que vivimos, conlleva caer en fábulas maniqueas que irritan. El espectador de El alma buena de Se-Chuan que acude al Matadero no es un niño al que se le pueda simplificar la vida de esa manera. Tres dioses bajan a las tierras chinas en busca de alguien bueno. En su indagación se encuentran primero con un aguador, un pillo (interpretado por Rafael Ramos de Castro con cierto aire cómico), que debe proveer de alojamiento a esos seres celestiales y para ello acude a Shen-té, una prostituta que se convertirá en la principal protagonista. Raquel Ramos tiene la difícil tarea de doblarse entre la bonhomía de la joven y su fingido primo astuto. A partir de aquí, se desencadena toda la dialéctica entre el bien y el mal, donde diferentes personajes van dando buena cuenta de sus ambiciones en la vida y de sus ansias por medrar a costa de los demás. El problema está en que es un texto en el que se mezcla lo narrativo (algo habitual en el teatro épico de Brecht), con unas explicaciones redundantes y que se demoran en describir hechos evidentes, además de añadir canciones que pretenden aquilatar aún más el discurso. Sigue leyendo