Atocha: El revés de la luz

Un montaje de teatro-documento que se embrolla en la aproximación a la terrible matanza de los abogados laboralistas en 1977

Resulta extraño que la denominada «matanza» de los abogados de Atocha (terribilísimo atentado) no haya tenido más atención por parte de los dramaturgos españoles, sobre todo teniendo en cuenta las repercusiones que tuvo (hay tantos temas de nuestra historia reciente que apenas han sido explotados que la abundancia de costumbrismo, a veces, cansa y ofende) y las ramificaciones políticas que se escondían en sus perpetradores. Desde este punto de vista, aunque un poco tarde, es loable que el caso dé para una obra teatral. No obstante, siento comunicarles que el desconocimiento de lo ocurrido en los últimos 50 años por parte de las últimas generaciones nos deja, en conjunto, como una sociedad auténticamente imbécil, con lo que, a algunos de los posibles espectadores, les pillará de nuevas. ¿Cuántas obras hay en Atocha: El revés de la luz? Demasiadas. Y si se quieren imbricar en tan solo 70 minutos, entonces nos subsumimos en lo inabarcable. Javier Durán ha escrito un texto a partir de las entrevistas y de las declaraciones del único superviviente que aún queda vivo: Alejandro Ruiz-Huerta. Teatro-documento para vertebrar una función caótica y sobredimensionada que, en cierta medida, tira por tierra el objetivo primordial. Porque la falta de claridad no logra que aquellos actos deleznables se expongan en su crudeza (máxime si se sustituye la brutalidad asesina de los disparos, por una fría descripción como si fuera el resumen de un policía desencantado). Puesto que, además, no se profundiza en las causas del hecho concreto en el momento preciso de aquel 24 de enero de 1977, como, por ejemplo, las vinculaciones con el neofascismo italiano a través de Gladio. Sigue leyendo