Cuidado con el perro

Eva Redondo presenta en la Sala Cuarta Pared su visión personal sobre la brutalidad intrínseca de los hombres

Sinceramente no sé hasta dónde nos van a llevar ciertas visiones de la vida y ciertas aplicaciones dramatúrgicas que, si bien no tienen relevancia social, sí me producen estupor como componente de ese público que espera que lo presupongan inteligente. Por una parte, algunas dramaturgas se han acogido a la tenebrosa concepción de que los varones somos unos violadores en potencia, unas bestias dispuestas al sometimiento constante de la mujer, unos perros con los caninos bien afilados a los que les hierve la sangre salvaje de sus ancestros; las féminas son seres de luz, a las que, como mucho, se les puede achacar el silencio y la complicidad; aunque, en todo caso, será comprensible en una ambiente tan sumamente opresivo como este del heteropatriarcado. Sigue leyendo

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