El espectáculo basado en la obra de María Zambrano que se presentó en el Festival de Mérida el año pasado se desluce en su traslado al Teatro Bellas Artes
Llego a la conclusión de que lo ofrecido en Mérida es imposible trasladarlo a un espacio como el Bellas Artes de Madrid, por mucho que se haya ampliado el escenario comiéndose algunas filas de butacas. A tan pocos metros de distancia se ven las costuras, la ilación requerida se trastabilla y el movimiento se topa con unos límites cercanos en demasía. Todos entendemos que la monumentalidad de la capital extremeña debe ser sustituida por otros efectos mucho más recoletos; pero parece claro que eso implicaría una producción radicalmente nueva que aquí no se ha llevado a cabo. Sigue leyendo
La cantidad de gags que engarza esta gente resulta altamente apabullante y cómo se manejan en distintas direcciones, con detalles que a veces pueden pasar desapercibidos, funcionan tanto para adultos como para esos niños a partir de los cinco o los seis años; aunque habría que señalar que estos, llegado el desenlace, pueden percibir algo de cansancio en el sentido de que el ritmo no se eleva hasta esas cotas tan habituales en los espectáculos circenses, donde lo explosivo, directo y chocante llevan al desmadre y hasta la locura. No, este N´imPORTE quoi está bastante medido en una cadencia que se esfuerza por arañar el absurdo con algo de parsimonia. 





Desde que la estrenara en 2016, esta obra, titulada Jacuzzi, del dramaturgo Yúnior García Aguilera, ha circulado por distintos países. Ahora se representa en la sala Lola Membrives del Teatro Lara. Una pieza que apenas alcanza la hora de duración y que deja la sensación de que las ideas más profundas y sensatas quedan fuera del drama en sí. Porque la trama discurre a través de un encuentro entre tres amigos que no llega a desbordar plenamente una vez se disponen los antagonismos políticos. Anunciemos ya que el autor opta por la peor de las decisiones posibles para concretarnos sus ideas particulares más allá de la obra que estamos viendo. Cuando está casi a punto de acabar la función, rompe la cuarta pared y se dirige directamente al público para soltarle una diatriba que podemos perfectamente comprender, y que nos apela con emoción; pero que resulta inaceptable para una obra teatral que pretende trazarse desde la ficción. En ese breve discurso, tan válido políticamente, descubrimos —si no lo conocíamos antes— a un disidente, como siguen saliendo tantos de Cuba, que ha debido abandonar su país; puesto que ha cruzado una de esas líneas que convierten tu vida en una existencia agónica.