El banquete

Los espectadores ser reúnen en torno a unas mesas para brindar por el amor y la imaginación gracias a textos clásicos universales

La edición número diecinueve del Festival Clásicos en Alcalá se inaugura con esta propuesta de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que ya fue presentada la temporada anterior en el Teatro de la Comedia. Un montaje que ante todo nos gana por el ambiente que se propicia y que es fundamental para que nos adentremos en una colección de textos clásicos universales (fundamentalmente del XVI y del XVII) y que son bien conocidos. Para un grupo reducido de privilegiados espectadores, sentados en larguísimas mesas que, a su vez, se sitúan sobre el escenario del Teatro Salón Cervantes, acompañados de los seis anfitriones que se van a transformar en múltiples personajes que aparecerán y se difuminarán para mutarse en otros y en otros más. Seremos, por tanto, comensales a la vera de una copa de vino para brindar por la imaginación; pues esta es el rasgo definitorio del ser humano. Ya que el espectáculo está inspirado en la obra La especie fabuladora, de Nancy Huston. En la persuasión que supone sentarse junto a los intérpretes, que te susurren versos al oído, que se paseen con enjundia por encima de esos enormes tablones esquivando jarras y vasos, está un encanto que apenas decae en algunos momentos. Concretamente al actor Aleix Melé, le ha tocado la ingrata tarea de ser el «interruptor» oficial, el aguafiestas que rompe la magia de las declamaciones, para realizar un homenaje emotivo de las invenciones que se le ocurrían a su abuelo ―testigo de acontecimientos célebres sucedidos a miembros de la Generación del 27―. Sigue leyendo

Lorenzaccio

La compañía del Teatro Nacional de Burdeos presenta su visión modernizada de la gran obra de Musset

Foto de Pierre Grosbois
Foto de Pierre Grosbois

Para comprender a Lorenzo de Médicis, a Renzo, a Lorenzino, a Lorenzaccio, debemos acercarnos a la figura Musset, a ese afectado por el «mal du siècle» (la abulia pija del siglo XIX), ese «dandi de las barricadas», según Lestringant, su biógrafo o, también, ese suicida retardado amigo de la absenta. Fue esencial para el dramaturgo y para la creación de esta obra, el affaire con George Sand, quien allá por 1833 le dio a conocer una copia de su «escena histórica» Une conspiration en 1537, la cual motivó la posterior escritura de Lorenzaccio. Otro dato de relevancia, antes de adentrarnos en la función, es que el poeta tuviera buenas relaciones con la casa de Orleans, a la sazón, beneficiaria de los acontecimientos de 1830. Este cruce biográfico, sentimental y filosófico entre Musset y el protagonista de su pieza refuerza las derivas ficcionales e interpretativas; si le sumamos los avatares de nuestra agitada modernidad, el drama está completo. Nos situamos en la Florencia del cinquecento, una ciudad dominada dictatorialmente por la crueldad y el antojo de Alejandro de Médicis. A este le acompaña, después de un reciente reencuentro, su primo Lorenzo, al que todos conocen como Lorenzaccio, un poeta, un juerguista, un travesti, un libertino, un instigador o un melancólico recalcitrante. En una compleja trama de intrigas donde prevalece más el diálogo, a veces denso, que la acción ─y es que la prosa del francés se complejiza por momentos─, el catálogo de caracteres entreverados reluce en su cinismo. Sigue leyendo