Hacia la alegría

Abre un agujero por el que Pedro Casablanc se cuela con todo su cuerpo

Foto de Ros Ribas
Foto de Ros Ribas

La pesadilla en la noche y el despertar enloquecido en las tinieblas no son más que los síntomas de una enfermedad que a todos nos acecha, pero que bien abrazaditos pisoteamos hasta el subsuelo. El protagonista de Hacia la alegría recoge la llamada y emprende una carrera embravecida por los círculos que componen la ciudad; su voluntad de poder lo aviva, las construcciones que él ha creado se le muestran deshumanizadas y con el único destino de cubrir nuestra propia estulticia. Es un viaje dantesco, alegórico, que recuerda en el tono y en el desenvolvimiento de los avatares a Bajo el volcán de Malcolm Lowry (una novela simbólica que pretendía ser parte de una trilogía sobre la Divina comedia). Pero ante todo es una obra nietzscheana. El cuerpo cobra una importancia sobresaliente, desde la desnudez hasta el embadurne de porquería grasienta pasando por el cansancio, el sudor y la dolencia. El cuerpo, por lo tanto, como llamada a la razón. Sigue leyendo