Ana Karenina

Una versión deshumanizada sobre el clásico ruso dirigida por Francesco Carril en el Teatro Kamikaze

No vale únicamente con atreverse a adaptar al teatro la popular novela de Tolstoi, es necesario una ambición que sea capaz de trasladar unas emociones que se fraguan lentamente en las cientos de páginas de la novela y que en las tablas deben ser sustituidas por la intensidad, la sutileza y el decoro. Es evidente que la extensión de la obra supone una gran dificultad; pero no se puede considerar que sea un relato excesivamente complejo, al fin y al cabo es realismo del siglo XIX. Pero lo que hallamos en la versión de Armin Petras es una reducción absurda, un deseo de recorrer toda la historia obviando múltiples detalles acerca de la personalidad de los personajes: Levin es un tipo atormentado que apenas saca a relucir sus intereses intelectuales; Karenin es un esbozo de un tipo del que no sabemos si es un anciano prematuro o un maquiavélico cornudo. Sigue leyendo