Matías Umpierrez dispone un atlas sobre el odio en el Centro CondeDuque a través de una panoplia de artefactos

No tengo tan claro que persistir en el collage, en el corta y pega, en el dispositivo, en la instalación, en el videoclip sea la manera más adecuados para percutir en conceptos fundamentales. El arte contemporáneo a través de museos, galerías, salas de teatro o espacios no convencionales ha propiciado el cachivache que hoy, cuando los minivídeos rielados nos someten en el circuito cerrado de nuestro solipsismo, se ha convertido en el insignificante espejo de nuestra inopia.
Ya nos demostró Matías Umpierrez en su anterior montaje, Eclipse, que tiene querencia omniabarcadora. Pero he de reconocer que he salido del CondeDuque con la sensación de que se me escurren en la memoria los relatos del artefacto. ¿Debo asumir que siempre eran ejemplos de lo mismo? Lo cierto es que no, que cada uno tenía su contexto y que es ahí donde no se incide. El odio tiene sus peculiaridades ─y muy hondas e inasibles─ dependiendo de sus circunstancias. Sigue leyendo
