El último espectáculo de Cirque Le Roux aúna distintas disciplinas para propiciar un espectáculo cargado de potencia y atractivo
Que el arte circense continúe inmiscuyéndose en otras artes aledañas es un hecho extraordinario para que podamos ir más allá de la habilidad física. Hay que reconocer que según va pasando el tiempo uno pierde la capacidad para sorpresa al observar ciertos tirabuzones. El Cirque Le Roux apuesta por el movimiento dancístico para vertebrar un montaje que funciona como un tríptico perfectamente definido. Eso sí, el argumento que pretende dar sustento a la performance me parece lo más endeble. Sigue leyendo