María Goiricelaya firma y dirige esta tragicomedia en el Teatro de La Abadía sobre las maneras de morir

El hecho es que hemos pasado de hablar de «una larga enfermedad» a tratar el tema del cáncer con gran apertura. Así que ahora mismo en la escena española, Constelaciones, La última noche con mi hermano y esta obra de María Goiricelaya abordan el estrago que este mal tan terrible implica. Bien es cierto que la autora nos entrega una propuesta repleta de comicidad. En este sentido, me parece que se introduce el humor de una manera un tanto forzada, abrupta, como sketches que se encajan de improviso. Así, a lo largo del recorrido somos sorprendidos por un Jesús redivivo en la cruz (devenido en Fito Cabrales) o, por otro lado, se recrea el célebre baile de Dirty Dancing. Sigue leyendo


Empecemos aseverando que titular Yerma a esta obra es casi un clickbait y que los espectadores deberían estar más que avisados de que aquí no está Lorca. Dejémoslo en que la escritora María Goiricelaya se ha inspirado en la tragedia del dramaturgo granadino. Cualquiera puede comprobar que ni lenguaje, ni época, ni personajes, ni siquiera el argumento quedan reflejados. Apenas el tema se trae a colación; pero desde una perspectiva sociocultural bastante diferente. Esta es la principal pega que le puedo encontrar a un montaje magnífico y de gran intensidad; también, quizás, que se alarga demasiado y que reitera el mismo motivo en exceso (puede que la última escena, la de la fiesta, sugerente y onírica, llegue un poco tarde). Claro que, cuando hablamos de una obsesión, la repetición es obvia.
La banda terrorista ETA, hasta el fin de la «lucha armada» en 2011, asesinó a 829 personas (19 durante el franquismo) y, de ellas, 203 de la Guardia Civil. Más de trescientos atentados se mantienen como casos sin resolver. Según una gran encuesta publicada en 2021 apenas el 0,5% de los alumnos de la ESO en Navarra sabía algo de Miguel Ángel Blanco. En este sentido, loable es la actividad del historiador Raúl López Romo, quien certifica el desconocimiento de los jóvenes tanto vascos como del resto de España acerca de la multitud de atrocidades que se cometieron no hace tanto. Doy fe de ello. Esta cuestión no se estudia en ningún sitio; cuando quienes más hacen propaganda terrorista son aquellos que en sus pueblos y en sus barrios imponen su terrible relato. Eso sí que es blanquear. 