Los avatares de la deportista tetrapléjica Manuela Vos saltan a escena con una dramaturgia inconsecuente de Emilio del Valle
Si me fijo en los últimos proyectos donde Emilio del Valle fundamentalmente se ha responsabilizado de la dirección y, además, ha firmado el texto o, siquiera, la versión (véase Coriolano, después de Shakespeare o Hasta que la muerte nos separe), tengo que reconocer que este montaje que ahora presenta en la Sala Cuarta Pared me ha parecido muy decepcionante. Tanto el contenido como la dramaturgia propuesta parecen no encontrar ni sustancia, ni destino. Y, sobre todo, se percibe una carencia de ideas a la hora de cohesionar el supuesto argumento. Sigue leyendo