Inés Collado y Cristina Marín-Miró proponen una mezcolanza inasible sobre unas entrevistas realizadas por Carmen de Burgos

Habitualmente el ansia formalista de algunos y de algunas dramaturgistas los evade del objetivo primordial. Su formación postdramática los aleja tanto del naturalismo que se pierde el motivo esencial de la representación. Estamos ante un ejemplo claro de tal tesitura. Apuesto a que ninguno de los espectadores que acudan saldrán de la sala con la sensación de haber descubierto a Carmen de Burgos o de haberse ilustrado acerca de alguna de las artistas que ella entrevistó. ¿Dónde están los nombres propios en esta obra? Todo un mejunje de juegos metateatrales que se resuelve en cuarenta y cinco minutos. Sigue leyendo