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La nueva propuesta de Rodrigo García es una performance desencantada construida con sus habituales procedimientos espectaculares

Foto de Marc Ginot

«Llega la noche como una mierda», comienza. Una mierdra. Pero Jarry queda muy lejos de este mejunje, colección de tópicos y copias del propio artista, tan seco de ideas como la sociedad que pretende criticar con su verborrea seudoirreverente. 4 va, ante todo, de la soledad del individuo en el mundo urbano contemporáneo. Hay que reconocer que varios de los fragmentos escritos por Rodrigo García son poemas pertinentes y sagaces que acentúan la desidia, la abulia y la proximidad del abismo («Flotará entre cráneos sin / certezas, cada cual / sabio a su manera y digno de piedad y / respeto»). Se combinan con elementos del futurismo: «La implosión por dinamita es el / tic tac del corazón de Dios / Hay más belleza en la demolición […]/ que en sinuosas formas constructivas de hoy»; y nihilistas: «Lo artificial es veneno del bueno». Toda la obra se sustenta básicamente en un prólogo a cuatro voces, un epílogo similar y una semblanza bien extensa sobre los recuerdos de infancia de un tipo. El resto es puro aparataje de relleno. Sigue leyendo