La gota de sangre

Adaptación teatral de una novelita policiaca de Emilia Pardo Bazán en un espectáculo un tanto acartonado

Retrato por el Fotografo Pablo Lorente
Foto de Pablo Lorente

Si el centenario de la muerte de Galdós no alcanzó el esplendor esperado (algunos niegan vivir en el país que viven), el de Pardo Bazán está siendo más insustancial todavía. Quizás la sororidad sí que entiende de tendencias políticas. Después de las dos incursiones en Los Pazos de Ulloa (la de Pimenta y la de Correa), Juan Carlos Pérez de la Fuente e Ignacio García May, quienes me maravillaron con Torquemada, han considerado que esta novelita de la autora gallega merece llevarse a las tablas. Se atreven a afirmar que este es el primer aldabonazo en el género policial de la literatura española; pero creo que Pedro Antonio de Alarcón, con El clavo (en versión definitiva en 1880, no obstante, escrita en 1853), no estaría de acuerdo. En cualquier caso, actualmente nadie puede leer con ojos nuevos un relato así; porque este estilo se ha explotado hasta la saciedad. Por esta razón, como corresponde a nuestra época, muchas películas recurren inevitablemente a la ironía en un declarado y persistente homenaje a los grandes maestros. Sobre todo, a Agatha Christie, puesto que es la escritora que más ha propiciado los distintos clichés. Recuerden, por ejemplo, la exitosa película Puñales por la espalda (2019). La novela de Pardo Bazán puede criticarse desde dos puntos de vista muy distintos. Por un lado, podríamos considerarla como acartonada, fallida, con lenguaje relamido, carente de intriga y falta de giros sorpresivos de importancia, que son, al fin y al cabo, los que siguen cautivándonos a pesar de las reiteraciones. Por otra parte, podría tomarse —aunque no fuera su cometido— como una novela enteramente irónica, donde directamente, sin esperar a que acontezca el crimen, se pasa a la consabida explicación final donde todos los cabos sueltos encajan. Comprenderemos que poco puede participar imaginativamente el lector y el espectador si se nos lleva de la mano desde el principio hasta el final. ¡Si hasta el aprendiz de detective nos descubre al muerto! ¿Qué interés puede tener esto? Ya digo, un giro irónico sobre el propio género; lo que sería concederle a la autora un crédito que, en este caso, no le corresponde. Si no estuviera firmado por ella, ahora mismo nos pasaría desapercibida. En otra órbita, se ha querido potenciar cierto humorismo; pero no se alcanza la comicidad de aquella propuesta curiosa titulada Perdona si te mato, amor, presentada en 2014 en el Matadero. En alguna medida, los cambios de vestuario y la multitud de papeles que interpreta Roser Pujol, nos podría recordar a El caballero incierto; pero no se busca el equívoco de las dobles vidas. Avancemos, antes de continuar, que a los intérpretes les falta brío y que la dirección requeriría meter unas cuantas dosis de desenfreno o de ambición en algunas escenas. Verbigracia, el número musical cabaretero en la recuperación del Teatro Apolo, con la canción pergeñada a partir del relato —de la propia novelista— titulado «La dentadura», está algo deslucido, si es que le tenemos que pillar la gracia a lo que ahí se cuenta (un maltrato en toda regla). En lo espectacular poco vistoso y, en cuanto a la actuación de la actriz, parece que más chispa podría tener. Quizás sea también por no está situada la pieza en el lugar adecuado dentro de la comedia; ya que, en ese momento, no se ha creado la atmósfera suficiente. Por otra parte, no sé hasta qué punto ese show podría llegar a funcionar autónomamente dentro de la trama general. En cuanto a Gary Piquer, reconozco que, más allá de algunas dudas, toma el certero aire de tipo sagaz, de detective «diletante», con este Selva, que toma su nueva afición como una terapia de autoayuda, dado su tedium vitae, promovida por el doctor Luz. Aunque aquí el problema es que él se lo guisa y él se lo come, sin réplica de ningún tipo por parte de otros protagonistas. A Roser Pujol le toca encargarse del resto de los personajes; porque su compañero pone voz y gesto castizo a unos cuantos especímenes en un cafetín para acometer el retrato de la femme fatale Chulita Ferna. Esta sería la más interesante si tuviera más vuelo; puesto que tiene oportunidad de presentar su biografía —también en un show (este más coherente)—; aunque no tiene las escenas suficientes para mostrar su ingenio. En cualquier caso, Pujol me parece mejor cuando hace de Juez, de doctor o de sereno, pues son roles pequeños, pero mejor apuntalados en el engranaje. Si no nos podemos deshacer de ese tono de parodia es, además, porque el género ha estado siempre envuelto en los artificios del folletín (como esta misma obra). Incluido el cine, si nos fijamos, por ejemplo, en la fantástica serie de Los vampiros (1915), de Louis Feuillade. Ciertamente, uno puede tomarlo como un divertimento, pues no faltan giros lingüísticos —con todo ese lenguaje tan barroquizante como arcaico— que nos llevan a la risa. La escenografía, también ideada por Pérez de la Fuente, no está acorde con la pátina modernista esperada, digamos que se queda a medias plantando unos cuantos neones gatunos sin más. En definitiva, sigo pensando que los responsables de la propuesta han visto más de lo que verdaderamente contiene la novelita de Emilia Pardo Bazán.

La gota de sangre

Autora: Emilia Pardo Bazán

Dirección y escenografía: Juan Carlos Pérez de la Fuente

Versión: Ignacio García May

Reparto: Gary Piquer y Roser Pujol

Diseño de iluminación: José Manuel Guerra

Diseño de vestuario: Almudena Rodríguez Huertas

Composición musical: Tuti Fernández

Ayudante de dirección: Beatriz Argüello

Diseño gráfico y cartel: Alberto Valle (Hawork Studio)

Fotografías: Pablo Sarompas

Dirección técnica: José Luis Alonso

Gerencia: Elisa Herráez

Técnico de iluminación: Adolfo Ontaba

Técnico de sonido: Javier Almela

Técnico de maquinaria: Luis Aguiar

Sastrería: Rosario Caballero

Producción ejecutiva: Pérez de la Fuente Producciones

Escenografía: Scnik

Vestuario: Sastrería Cornejo

Peluquería: Moisés Echevarría

Gobos: Astrol

Agradecimientos: Teatro del Colegio Mayor Elías Ahuja / Colegio Mayor Mendel

Una producción de la Comunidad de Madrid

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 19 de diciembre de 2021

Calificación: ♦♦

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